Si algo
tenía claro esta mañana cuando me he levantado es que hoy no iba a llover. El
cielo está alegre porque el mejor PAYASO de nuestra historia se ha marchado a
vivir allí arriba. Donde sí llueve es aquí abajo, y mucho. Que tire la primera
piedra el que al enterarse de que se nos había ido el gran Miliki no echó una
lagrimita.
Su marcha
nos ha servido a todos para echar la vista atrás y recordarnos hace veinte,
treinta o cuarenta años con nuestros padres y abuelos entonando las míticas
canciones de “Los Payasos de la Tele”. Para mí fueron canciones heredadas,
porque cuando yo era canija Miliki hacía un programa con su hija Rita llamado
“La Merienda”. Todos los coles queríamos ir, que nos tocará preparar en casa un
sombrero y que el nuestro fuera el elegido. Mi amigo Víctor no iba a mi cole y
tuvo la suerte de ir. Yo nunca, y me moría de la envidia... Había estado con el
gran Miliki!!!
Miliki
consiguió algo que ahora en la televisión es una quimera. Programas por y para
niños en los que ellos sean los protagonistas, programas capaces de implicar a
padres e hijos, capaces de hacer que la familia se reúna en torno a la
televisión. Hacer cosas dedicadas a los niños no vende y por eso se han
suprimido de la parrilla a pesar de que haya canales destinados exclusivamente
para ellos (¿?). Ahora se compran series y se ponen a cascoporro, repitiendo
capítulos (que más da, los niños como son tontos no se enteran) y sin gastar un
euro en un programa de calidad donde los niños (de verdad, no dibujos animados
con forma de niños) sean los protagonistas. Mejor que vean “Sálvame” cuando
llegan del colegio, no?
Volviendo al
tema, que me desvío. Creo que son pocos los homenajes que se le pueden hacer a
este PAYASO con mayúsculas. Consiguió que ese término no fuera peyorativo y lo
paseaba con orgullo no sólo por España sino por gran parte de Latinoamérica.
Muchas
gracias Miliki!! Gracias a ti sabemos que se puede navegar por los mares del
sur, sin temor, en un barquito de cáscara de nuez, pilotado por un mosquito
seguro de ser un buen timonel. Que existen ratones que comen chocolate y turrón
y hasta bolitas de anís porque una niña llamada Susanita tenía uno. Que Don
Pepito pasó por casa de Don José y vieron a su abuela. Que si toco la trompeta
suena tara tara tareta y si toco el clarinete pues tere tere terete. Y por
supuesto, que cada vez que yo te diga: “Chino del alma”, tú me contestarás:
“Chinito de amol”.
Canciones
que quedarán para el recuerdo y que nosotros, sus niños de 30, 40 o 50 nos
tenemos que encargar de transmitir a los que ahora son nuestros peques de 3, 5
o 10 años. Que no se rompa la cadena, porque estos son los momentos que
realmente merecen la pena. Gracias también Miliki, por volvernos a recordar cómo
era ser niños y no pensar en la basura que nos rodea. Porque aunque ahora os
parezca increíble, hubo una época en la que nuestra vida se limitaba a
responder cada vez que nos preguntaban “¿Cómo están ustedes?” un BIENNNNNNNN
alto, claro y sin ningún tipo de duda.
Escribo con
un nudo en la garganta, es inevitable al traer a mi mente tantos recuerdos y a
tantas personas que ya no están. Por esto y por todo lo que nos dejas,
GRACIAS MILIKI.
Para
terminar me quedo con una frase de mi canción favorita tuya:
“Navegar sin
temor en el mar es lo mejor, no hay razón de ponerse a temblar. Y si viene
negra tempestad: reír y remar y cantar.”
Una gran sonrisa para ti, PAYASO.


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