martes, 20 de noviembre de 2012

Hoy el cielo está feliz

Si algo tenía claro esta mañana cuando me he levantado es que hoy no iba a llover. El cielo está alegre porque el mejor PAYASO de nuestra historia se ha marchado a vivir allí arriba. Donde sí llueve es aquí abajo, y mucho. Que tire la primera piedra el que al enterarse de que se nos había ido el gran Miliki no echó una lagrimita.

Su marcha nos ha servido a todos para echar la vista atrás y recordarnos hace veinte, treinta o cuarenta años con nuestros padres y abuelos entonando las míticas canciones de “Los Payasos de la Tele”. Para mí fueron canciones heredadas, porque cuando yo era canija Miliki hacía un programa con su hija Rita llamado “La Merienda”. Todos los coles queríamos ir, que nos tocará preparar en casa un sombrero y que el nuestro fuera el elegido. Mi amigo Víctor no iba a mi cole y tuvo la suerte de ir. Yo nunca, y me moría de la envidia... Había estado con el gran Miliki!!!



Miliki consiguió algo que ahora en la televisión es una quimera. Programas por y para niños en los que ellos sean los protagonistas, programas capaces de implicar a padres e hijos, capaces de hacer que la familia se reúna en torno a la televisión. Hacer cosas dedicadas a los niños no vende y por eso se han suprimido de la parrilla a pesar de que haya canales destinados exclusivamente para ellos (¿?). Ahora se compran series y se ponen a cascoporro, repitiendo capítulos (que más da, los niños como son tontos no se enteran) y sin gastar un euro en un programa de calidad donde los niños (de verdad, no dibujos animados con forma de niños) sean los protagonistas. Mejor que vean “Sálvame” cuando llegan del colegio, no?

Volviendo al tema, que me desvío. Creo que son pocos los homenajes que se le pueden hacer a este PAYASO con mayúsculas. Consiguió que ese término no fuera peyorativo y lo paseaba con orgullo no sólo por España sino por gran parte de Latinoamérica.

Muchas gracias Miliki!! Gracias a ti sabemos que se puede navegar por los mares del sur, sin temor, en un barquito de cáscara de nuez, pilotado por un mosquito seguro de ser un buen timonel. Que existen ratones que comen chocolate y turrón y hasta bolitas de anís porque una niña llamada Susanita tenía uno. Que Don Pepito pasó por casa de Don José y vieron a su abuela. Que si toco la trompeta suena tara tara tareta y si toco el clarinete pues tere tere terete. Y por supuesto, que cada vez que yo te diga: “Chino del alma”, tú me contestarás: “Chinito de amol”.



Canciones que quedarán para el recuerdo y que nosotros, sus niños de 30, 40 o 50 nos tenemos que encargar de transmitir a los que ahora son nuestros peques de 3, 5 o 10 años. Que no se rompa la cadena, porque estos son los momentos que realmente merecen la pena. Gracias también Miliki, por volvernos a recordar cómo era ser niños y no pensar en la basura que nos rodea. Porque aunque ahora os parezca increíble, hubo una época en la que nuestra vida se limitaba a responder cada vez que nos preguntaban “¿Cómo están ustedes?” un BIENNNNNNNN alto, claro y sin ningún tipo de duda.

Escribo con un nudo en la garganta, es inevitable al traer a mi mente tantos recuerdos y a tantas personas que ya no están.  Por esto y por todo lo que nos dejas, GRACIAS MILIKI.

Para terminar me quedo con una frase de mi canción favorita tuya:

“Navegar sin temor en el mar es lo mejor, no hay razón de ponerse a temblar. Y si viene negra tempestad: reír y remar y cantar.”

Una gran sonrisa para ti, PAYASO.

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